En lo expresivo, abraza tus limitaciones

Generalmente intentamos escapar de los límites, romper cualquier elemento que consideremos una barrera, superar o eliminar todo aquello que nos aleja de realizarnos en nuestro máximo potencial. Sin embargo, en lo que se refiere a la expresión y a las habilidades de comunicación, existe otra perspectiva que nos ofrece una amplia riqueza de posibilidades y nos reconcilia con nuestra condición.

¿Qué pasaría si en vez de enfrentar aquello que consideramos nos limita, lo aceptáramos y abrazáramos plenamente? ¿Qué ocurriría si lo convertimos en un escalón para avanzar, incluso sabiendo que esa limitación va a seguir con nosotros?

En mi proceso de aprendizaje en el mundo de la actuación teatral, iniciado en el año 1991 y que nunca termina (es apasionante este camino de crecimiento), esta lección surgió con mucha claridad, gracias a la guía de maestros muy especiales: integra tu limitación, entiéndela como una parte de ti y utilízala para avanzar.

Esto me pareció sumamente interesante e iluminador, sobre todo porque el primer paso requiere mucha conciencia, pues hay que identificar aquello que nos está deteniendo en nuestro avance, eso que sentimos coarta una posibilidad mayor o mejor.

El cambio de perspectiva que se produce es total, con efectos tan sutiles como significativos. Intento describirlo a continuación:

  1. El primer elemento, como ya he mencionado, es el trabajo sobre la percepción. El desafío es percibirnos sin juicio, mirar sin ideas preconcebidas sobre cómo deberían ser las cosas dentro de nosotros o en nuestra expresión. De modo que si veo que tengo limitaciones en el uso de mi voz, que no matizo al hablar o que no logro una adecuada proyección, solamente debo identificarlo sin calificarlo de forma alguna. Lo mismo ocurre con limitaciones internas, como con el miedo escénico o la duda al desarrollar una conversación o interpretar un papel en escena (o jugar un rol en el ámbito laboral); puedo identificar y mirar esas emociones en movimiento, sin juzgarlas.
  2. El paso siguiente es aceptar esas características como una condición presente en mí, que puede cambiar o evolucionar, pero frente a lo cual no necesito luchar o hacer resistencia. La mayoría de las veces, pelear con ellas solamente las refuerza; mucho mejor es relajarse interna y externamente, para poder comenzar una exploración sobre las mismas. Este es el proceso de aceptación: si se trata de limitaciones con mi voz, puedo dedicarme a explorar los sonidos que produzco, a practicar con la respiración y distintas formas de hablar o cantar, de hacer fluir mi voz por el espacio; igualmente con las emociones que puedo sentir, como temor o dudas, en cuyo caso la exploración requiere de especial atención a cómo se presentan, qué sensaciones físicas las acompañan, cómo se mueven en diversas situaciones, entre muchos otros elementos que de seguro irán apareciendo.
  3. Surge entonces un nuevo conocimiento. La limitación no desaparece, no estoy trabajando para superarla, sino que estoy entrando en ella. Entonces descubro nuevas posibilidades con mi voz y encuentro maneras de colocar el cuerpo y la respiración que me ayudan a proyectar mejor, o integro ciertas formas de movimiento para mejorar la resonancia, o sencillamente empiezo a explorar comunicación con audiencias más pequeñas para descubrir un nuevo espacio de desarrollo de mi expresión; quizás comienzo a comprender cómo se manifiesta el miedo en mi interior y de qué manera me es útil, para estar más alerta o advertirme de riesgos que tal vez sea mejor no tomar en el momento presente. Todo esto lo logro aceptando e integrando eso que veía inicialmente como una limitación, que fue sencillamente una característica y que ahora se transforma en un bien, un elemento que juega a mi favor, un nuevo talento.
  4. La conciencia, la indagación, la práctica y el entrenamiento de estos elementos, me permitirá comprender mejor la dinámica de mi propia identidad, ganando en flexibilidad y en posibilidades, para una mejor comunicación y más libre expresión personal.

Este es el proceso que he vivido y en gran parte mi perspectiva de apoyo a otros, con el propósito final de lograr una expresión más genuina, honesta y armónica, lo que lleva a un impacto más profundo y duradero.

Finalmente, forzar la forma y luchar, lleva únicamente a mayor tensión y modos expresivos poco naturales. Esta perspectiva sobre el trabajo expresivo, parte de la necesidad de balance y fluidez, lo que además constituye la posibilidad de más entendimiento y mayor paz en el mundo actual (pero esto es ya material para otro texto).

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