Una comunicación efectiva es una comunicación con propósito

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Existen distintos niveles de objetivos cuando hablamos del proceso de la comunicación humana. Las personas involucradas en cualquier interacción tienen intenciones diversas, desde las más simples como dar una buena impresión, hasta las más complejas como lograr el éxito en un proceso de negociación. Este continuo de finalidades es además dinámico, al cambiar durante el intercambio simbólico que se produce entre dos o más individuos.

Cuando tenemos situaciones de comunicación: una presentación oral, una oportunidad para dar y recibir feedback, una negociación u otros, nos fijamos en los objetivos más inmediatos. Generalmente nos enfocamos en aquello que queremos lograr u obtener del otro, nuestro interlocutor se ubica en el centro de nuestras intenciones y vamos a su encuentro con claridad con respecto a la forma en que deseamos impactarle. Esperamos de ellos, con quienes nos comunicamos, una respuesta o reacción determinada.

Esto es de suma importancia, sin embargo estamos perdiendo con ello una dimensión completa del acto comunicacional y que está relacionada con aquello que queremos lograr en nosotros; este ámbito es también complejo y de múltiples niveles. Intento explicarlo a continuación:

  • De cómo quiero conducirme: un primer objetivo que seguramente nos planteamos al comunicarnos con otros, es el de conducirnos de cierta manera. Esperamos expresarnos con fluidez y seguridad, poder responder a todas las interrogantes que puedan surgir, mantenernos serenos de modo que nuestro impacto sea el mayor posible. Nos imaginamos las mejores posibilidades relativas a nuestro modo o estilo de comunicación, tal vez incluso lleguemos a suponer algunos escenarios adversos si fallamos en lo que pretendemos.
  • De lo que espero lograr conmigo: quizás no nos planteamos regularmente un objetivo para nosotros al enfrentar situaciones de comunicación, pero colocar nuestro foco en ello puede hacer más eficiente cualquier presentación que realicemos o interacción que desarrollemos. Podemos pensar en aspectos sumamente específicos como proyectar mejor la voz, manejar de manera adecuada el movimiento de las manos, lograr mejores matices; esto otorga mucha fuerza a nuestra expresión y nos ofrece un elemento claro en el cual colocar nuestra energía.
  • De mi propósito e identidad: a todos nos moviliza un propósito mayor, una intención que tiene influencia en todo lo que hacemos. Se puede construir de muchas formas: como vocación, como identificación con nuestra profesión u oficio, como descripción de lo que somos, como objetivo de nuestra vida. Más que respuestas específicas, en este nivel lo relevante es plantearse la pregunta. ¿Hacia dónde dirigiremos nuestra energía? ¿Con qué queremos coopera en nuestra existencia diaria? ¿Cuál es el impacto mayor que esperamos tener con nuestro trabajo? Todo ello está relacionado con nuestra identidad y con ese propósito más alto que nos inspira.
  • De mis valores: Todo lo anterior es alcanzado por lo que se encuentra en la base más profunda: nuestros valores. Ellos constituyen el ámbito de lo inamovible, de lo irrenunciable. En cualquier situación, incluso las más extremas y desafiantes, los valores nos sirve de guía clara y firme.

Al trabajar sobre nuestra capacidad de comunicación, para mejorar nuestro desenvolvimiento expresivo y de relación, debemos no solamente considerar los elementos técnicos de elaboración del discurso, manejo de la voz y el gesto, el lenguaje corporal, entre otros; también es vital abordar lo relativo a la claridad del propósito, en todos sus niveles y ámbitos.

Considerar el objetivo inmediato no es suficiente, dado que ello está influenciado por los objetivos de largo plazo, relacionados con nuestros valores, identidad y proceso de aprendizaje. Como puede verse,  la efectividad en la comunicación no solamente depende del impacto que tenemos en nuestras audiencias o interlocutores, depende también del impacto que cualquier interacción tiene sobre nosotros mismos.

La claridad de propósito para lograr una comunicación más efectiva, requiere de un ejercicio diario con la intención de fortalecer nuestra identidad y valores, así como reconocer cuál es el propósito mayor que impulsa nuestro estar y actuar en el mundo.

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