Expresión, Creatividad y Psicodrama III (Una experiencia con actores en formación)

En diciembre de 2009, año que está por terminar, culminaron los talleres de psicodrama que he venido guiando en el Centro Integral de Capacitación Actoral (CICA). De agosto a diciembre estuve trabajando con tres grupos, con el propósito general de facilitar una dinámica conducente a que los participantes tomaran mayor conciencia sobre sus formas expresivas, encontraran vías para ser más espontáneos y creativos en su trabajo escénico, lo que por supuesto tiene además un impacto en sus modos de relación con otros.
Una sesión semanal, dos a tres horas en cada encuentro, tiempo dedicado a explorar posibilidades a través del psicodrama. Lo primero que propuse, siguiendo mi particular esquema de trabajo, es que cada integrante del curso planteara un objetivo de trabajo personal. La mayor parte de ellos tuvieron relación con: “lograr una mayor conexión emocional”, “aumentar la flexibilidad”, “alcanzar la relajación en escena”, “fluir en mis expresiones”, “atreverme a tomar mayores riesgos”, “trabajar en mejorar mis niveles de concentración”, entre otros; todos ellos son ejemplos de lo que puede abordarse con las técnicas del psicodrama, cuando se utilizan con fines concretos de entrenamiento y aprendizaje.
A partir de estas búsquedas personales, que fueron siempre anclas o puntos de referencia para los trabajos escénicos, cada grupo estableció líneas temáticas, desafíos y posibilidades diferentes:
– En primer lugar estuvo presente EL JUEGO, como vía de aprendizaje y forma de reconocer patrones establecidos que impiden un mayor grado de espontaneidad y creatividad. En uno de los grupos esta fue una constante, con la añadidura de continuas referencias a la niñez y a las dinámicas que se generan en las celebraciones infantiles, los intercambios en carreras o búsquedas como en “el escondite” o “la ere”. Esos juegos los colocaron en modos específicos de estar y compartir que hacían evidentes sus tendencias a: respetar o romper las reglas, divertirse o jugar con rigidez, entregarse al juego o calcular resultados, compartir o competir, imaginar posibilidades o producir aburrimiento.
El desarrollo del juego, el movimiento sostenido de esta energía de niños en uno de los grupos, llevó a contactar con algunos aspectos esenciales del vivir: aparecieron escenas relacionadas a la experiencia de la sensualidad, la vergüenza, el contacto con el cuerpo en movimiento para conectar mi atención y la de otros, y finalmente al movimiento y la voz como formas de compartir sensaciones, sin buscar ninguna elaboración intelectual.
Todos estos aspectos, como podrá notarse, están íntimamente ligados tanto a los objetivos particulares propuestos, como a un primer nivel de trabajo sobre el arte de la actuación.
– Algunas sesiones fueron dedicadas a explorar las creencias y expectativas que sobre la actuación tenían los participantes. Esto sirvió, desde mi perspectiva, para liberar algunas tensiones, expresar descontento con ciertos aspectos del funcionamiento actual del teatro y la televisión en el país, así como para plantear sueños y visiones sobre su futuro en este oficio.
– También tuvimos la oportunidad en dos de los tres grupos de pasar por distintas etapas de la vida: de la infancia pasamos a la adolescencia y luego a la vida adulta, con todo lo que ello implica en términos de responsabilidades, de búsqueda de solidez económica, de claridad en la forma en que se ejerce un oficio y se lleva la vida productiva y familiar. A través de estos recorridos dimos con otros temas relacionados, como la continuidad o ruptura con las tradicionales prácticas familiares, la apuesta por riesgos personales ante la necesidad de hacer un camino propio de vida y la superación de desafíos profundos y significativos en lo referente a lo laboral, lo económico, lo relacional y la salud. Es difícil manifestar con palabras lo que se estuvo moviendo en esta zona de trabajo, porque se plantearon retos y riesgos personales de mucha profundidad, se tocaron tensiones y cristalizaciones que han producido mucho dolor en quienes las han experimentado, se abrió allí, en algunas de las sesiones, lo más humano en todos los presentes.
A través de esta exploración por las distintas etapas de la vida, pudimos contactar toda una gama de emociones vinculadas a esa paradoja humana que es una existencia cargada de dolor que se hace por ello con un sentido profundo y real, volviéndose una manifestación hermosa de nuestra condición, despertándose la compasión en los presentes.
Desde mi perspectiva, esto ofrece la oportunidad de encontrar un sentido mayor al oficio y arte de la interpretación escénica. Aunque no siempre se alcance o logre conectar este sentido, la opción está allí generada por la experiencia compartida en la improvisación y el juego de roles.
– El cuarto elemento que fue abordado en estos cursos de psicodrama fue la conexión y movimiento emocional, de dos maneras sencillas: a través del cuerpo y en la relación con otros. Esta además es un área de importante aprendizaje para mí, pues me exige apertura y relajación física, contacto genuino y disposición al encuentro.
Si uno de los actores o actrices del grupo manifestaba un bloqueo emocional, lo más sencillo era llevarlo a establecer una relación con su cuerpo: respirar, ubicar sus sensaciones de forma clara y específica, dejar que el cuerpo se moviera en relación con esas sensaciones. Entonces la emergencia de la emoción, cuando está presente, es inevitable.
Otro camino consistía en el contacto con algún compañero de trabajo. Una mirada, algún toque con las manos u otras partes del cuerpo, una frase dicha de forma directa y expresando algo sencillo (los rebuscamientos y las formas adornadas no sirven para nada en estos casos), eran acciones con la suficiente fuerza para abrir la conexión real entre dos individuos, y entre cada uno de ellos y su dimensión emocional.
No es necesario que añada mucho más sobre la importancia que este trabajo tiene para el oficio del actor.
– Todavía creo reconocer en la última etapa del trabajo algunos temas más que aparecieron en la dinámica de todos los grupos. Las preguntas sobre el futuro fueron inevitables en las sesiones finales, y con ellas la nostalgia, la conciencia de muerte (con su ansiedad y temor) y la incertidumbre hicieron su entrada.
Apareció la necesidad de despedirse, de plantearse próximos pasos, pero sobre todo de limpiar los espacios presentes, acomodar la casa de hoy como punto de partida. Fue curioso para mí observar como en este nivel del proceso se manifestaron dos fenómenos: por una parte las escenas se hicieron más abstractas, aumentando la presencia de símbolos y alejándose más de la literal representación de situaciones cotidianas, se trataron más situaciones internas que se hacían presentes, se desarrollaban y culminaban sin lógica aunque con sentido; por otro lado, aparecieron elementos que se alejaban de lo individual (sin obviarlo) y se acercaban más a temas culturales y colectivos. Como ejemplo de este último fenómeno puedo citar sesiones donde trabajamos el sentido de la Navidad, o abordamos imágenes relativas al abuso de poder y la tortura, desarrollamos escenas sobre la despersonalización del trabajo en grandes corporaciones, el consumo o la tensión entre expectativas sociales y definición de un modo más genuino y personal de vida, entre otros.
CREO IMPORTANTE registrar, finalmente, que todo este proceso no se dio sin resistencias.  Todo ello fue acompañado de tensiones producidas por el miedo a la apertura emocional, cierta tendencia a superficializar el trabajo (tanto el psicodramático como el actoral), dificultades para encontrar un objetivo individual, evasión de ciertos temas que podían afectar creencias personales o la imagen frente a los otros integrantes del grupo, por sólo mencionar algunos. Nada de lo mencionado como tema o línea de trabajo fue inducido, sin embargo, sino que emergió espontáneamente a lo largo de las sesiones, como parte de un proceso compartido con mayor o menor conciencia por los integrantes de cada grupo.
Estas dificultades, que señalo sólo como un hecho y con profundo respeto, unidas a mis propias resistencias y puntos ciegos como facilitador del proceso, me permiten entender lo desafiante de este tipo de trabajo, ubicado en un punto intermedio y delicado, donde el objetivo es facilitar un conjunto de experiencias que sean de utilidad al actor, quien inevitablemente está llamado a conocerse, recorrerse y contactarse; es importante no perder de vista que esta labor no es un fin en sí misma, sino un medio, una técnica para un objetivo mayor, de alto nivel de exigencia: la actuación.

Posted in: Creatividad, Escena, Uncategorized

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